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Racing se llevó el clásico de Avellaneda

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La Academia se impuso a Independiente con un golazo de chilena de Hauche. El local ganó cinco de los últimos seis clásicos.

Se desprende del suelo. Saca los pies del piso. De espalda. Vuela Gabriel Hauche. Ensaya una chilena perfecta que se clava, inapelable. Como se dice en la jerga futbolera, el Demonio lo tiene de hijo al Rojo. Al Diablo mismo. Es su pesadilla, su verdugo. Vuelan, también, los hinchas en las tribunas. Vuelan altísimo en el delirio. Se abrazan en un grito interminable. Se mueve el Cilindro. La Academia volvió a ganarle a su eterno rival. Como en el anterior clásico, como en los cinco de los últimos seis. Racing manda en Avellaneda.

Poco, o nada, le importará a su gente que el equipo haya tenido escasas luces en el juego y que su funcionamiento distara de lo que pretende Gago. El golpe tempranero de Hauche permitía pensar que, con la tranquilidad de la ventaja rápida, podía llegar el segundo. De hecho, estuvo a punto de conseguirlo con ese penal que Copetti estrelló en el poste derecho de Sosa. Dejó vivo a Independiente, aunque no lo aprovechó. Y terminó aún más hundido en una actualidad que lo tiene inmerso en un mar de penas.

La Academia lo jugó con el alma. A falta de fútbol fluido, se adaptó a la lucha que le pedía el derby. Batalló, resistió cuando debía hacerlo, sobre todo en la parte final. Corrió, redobló sus esfuerzos en la recuperación con Moreno como bandera en la mitad de la cancha. Pudo haberlo liquidado de contra de no haber sido por las malas decisiones y ejecuciones de Carbonero, que había amagado con hacer mucho daño apenas ingresó y se diluyó rápidamente, hubo algunas triangulaciones y dinámica en los primeros minutos del encuentro por parte de Racing, pero le fue costando sostener la pelota. Independiente, con la necesidad del empate, empujó y llegó mucho con centros, sin tantas acciones elaboradas cerca del área. Chuky Ferreyra inquietó con remates, los dos laterales fueron con decisión y lanzaron. Vigo estuvo a poco de la parda con ese tiro que dio en el parante del arco de Gastón Gómez, previo a un buen disparo que le tapó Chila a Leandro Fernández. También le sacó un pelotón a Ferreyra desde un ángulo.   

Sufrió la Academia por no haberlo rematado con anterioridad. Lo caminó por la cornisa del empate. Le cedió territorio y balón a su eterno rival, que tuvo en Pozzo a una buena entrada: le dio frescura y encaró. Racing se posicionó para defender y salir rápido con los espacios que le dejaba Independiente. La Academia padeció y lo sostuvo con el alma, con mucha entrega, con coraje. Racing jugó el clásico como debía hacerlo desde lo anímico. Será, tal vez, su momento de despegue para conseguir la regularidad que le viene faltando: aún no ganó dos juegos al hilo en el campeonato.

La Acadé hoy es el rey de Avellaneda. Y los hinchas, que hasta un tiempo no muy lejano la pasaban mal muy seguido en este derby, hoy disfrutan y acortan el historial.

 

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